El autor reflexiona sobre la vejez, advierte contra los prejuicios sobre la edad y asegura que la sociedad puede y debe contar con las personas mayores.

De repente uno cumple setenta años y, también de repente, uno se da cuenta de que está igual que a los sesenta. De golpe uno llega a los setenta años y, también de golpe, uno nota que se siente lo mismo que a los sesenta y nueve. O sea, que cumplir años es menos solemne de lo que la gente piensa. La juventud es una ficción que se mantiene contra viento y marea, con lo cual es fácil atisbar que la verdadera juventud, no la del mero calendario, precisa de un largo aprendizaje. Sólo cuando se renuncia a ser joven es cuando la vejez se presenta y barre todas las ilusiones. 

Fuente: El Español

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