“El cuidador no profesional debe incorporar en su día a día el cuidado de su propia salud mental”

Cuando hablamos de los cuidadores no profesionales, un aspecto muy importante, casi siempre invisible, es cómo les afecta el desgaste emocional -y también físico- derivado de la atención continuada. Esta realidad es la que el Dr. Lluís Lalucat i Jo, prestigioso psiquiatra barcelonés y referente en salud mental comunitaria, ha puesto sobre la mesa a lo largo de su trayectoria.

Licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona, especialista en psiquiatría y con formación en la Universidad de Heidelberg, Lalucat es además de psiquiatra, docente e investigador, y a lo largo de su trayectoria ha destacado por su vocación en el ámbito comunitario, educativo y asistencial. Presidente de la Asociación Centro de Higiene Mental Les Corts del Grupo CHM Salud Mental, ha promovido un modelo teórico y práctico de salud mental comunitaria. Lalucat ha atendido a lo largo de su vida profesional tanto a pacientes mayores como a sus cuidadores familiares, por ello, sabe perfectamente que el cuidador no profesional —a menudo un familiar— es el pilar que sostiene el sistema, pero también el más vulnerable al aislamiento y a la llamada “sobrecarga del cuidador”. Firme defensor de la psiquiatría social y moderna, Lalucat recuerda que el paciente debe ser visto como un ciudadano con derechos que necesita un acompañamiento integral y cercano.

  • Sr. Lalucat, a lo largo de su vida profesional habrá tratado a decenas de personas con lo que ahora denominamos “sobrecarga del cuidador”. Pero seguramente, muchos de estos pacientes ni sabrían qué les pasaba. Si tuviera que definir los rasgos o los síntomas que nos deben poner en alerta para saber si una persona sufre este síndrome, ¿cuáles serían?
    Como muy bien indica, a menudo el cuidador principal de una persona que presenta especiales necesidades de atención, es un cuidador no profesional, habitualmente un familiar. Cuando esta atención se prolonga en el tiempo o se agudiza por un incremento continuado de las necesidades asistenciales, puede generar una sobrecarga en el cuidador, que se expresa inicialmente por una sensación de cansancio. Progresivamente, puede manifestarse por un conjunto de síntomas que se pueden ir extendiendo o incrementando, y que constituyen señales de alerta de la sobrecarga del cuidador, tanto en el ámbito físico como emocional y cognitivo, en forma de molestias físicas, alteraciones del sueño, pérdida de interés por las cosas, reducción de la vida social, ansiedad inespecífica, o aparición de malestar emocional.
  • Pero, desde la psiquiatría, ¿cómo se diferencia el agotamiento habitual del síndrome del cuidador quemado? ¿Y qué pasa a nivel cognitivo cuando el cuidador ya no puede dar más de sí?
    Más allá del cansancio habitual o de la sensación de agotamiento progresivo del cuidador, podemos identificar un conjunto de expresiones emocionales y vivencias que configuran el llamado síndrome del cuidador quemado. En este sentido es conveniente que el cuidador reflexione y se pregunte periódicamente sobre su estado y en cómo la actividad de cuidado que realiza está incidiendo en su bienestar. También se pueden utilizar cuestionarios como el Zarit, que mediante 22 ítems y un sistema de puntuación permite evaluar, indicativamente, el grado de sobrecarga percibida por un cuidador.
  • Y cuando el estrés se cronifica, ¿cuáles son los cambios cognitivos que suelen aparecer en un cuidador no profesional?
    En cuidadores de larga duración, la sobrecarga puede tener repercusión tanto en el ámbito emocional como cognitivo. En el área cognitiva, pueden expresarse dificultades en algunas funciones como la capacidad de concentración, con dificultad para mantener la atención continuada en una actividad, o seguir el hilo de una conversación, alteraciones de la memoria, con olvidos frecuentes, dificultad para recordar actividades acordadas, la ubicación de objetos de uso cotidiano, o en tareas como la reflexión y la toma de decisiones habituales.
  • A menudo los cuidadores no profesionales de gente mayor son familiares que también tienen ya una cierta edad… ¿Hay evidencia científica que relacione la sobrecarga del cuidador no profesional con un mayor riesgo de deterioro cognitivo prematuro?
    Se ha documentado que los cuidadores que afrontan situaciones de mayor dificultad e intensidad creciente, como en el caso de las demencias, así como por periodos más largos, pueden tener un riesgo mayor de deterioro cognitivo. Algunos factores que vincularían el cuidado y el riesgo serían el estrés crónico del cuidador, la falta de atención a la propia salud, tanto física como mental, el progresivo aislamiento social por la reducción del tiempo dedicado a las relaciones personales o la pérdida de intereses y motivaciones que son motores de una activación continuada de las funciones cognitives.
  • ¿Qué estrategias prácticas recomendaría a los cuidadores y cuidadoras para preservar su salud en el día a día, más allá del consejo genérico de “descansar”?
    Siempre nos debemos preguntar si podemos hacer algo para prevenir el deterioro cognitivo, y más todavía cuando se trata de personas en las que identificamos situaciones o conductas de riesgo. Las estrategias para preservar las capacidades cognitivas pasan de forma genérica por cuidar la propia salud entendida en su globalidad, biológica, psicológica y social. Pero de forma más precisa habría que cuidar las funciones cognitivas y de lo que habitualmente se conoce como reserva cognitiva, es decir, la capacidad cerebral para hacer frente a los daños y para optimizar su funcionamiento. Esta reserva se va ejercitando a lo largo de la vida e incorpora las experiencias y los conocimientos que hemos ido adquiriendo, a menudo vinculados a la educación, pero también a las ocupaciones y a actividades como la lectura, el contacto social, el aprendizaje de idiomas, las actividades artísticas y otras que comporten nuevas adquisiciones y experiencias.
  • De hecho, como gran defensor de las redes comunitarias, ¿qué consejo puede dar a los cuidadores para que se sientan más acompañados?
    Hasta aquí hemos hablado fundamentalmente de los efectos de la sobrecarga del cuidador por su dedicación al cuidado de una persona necesitada de atención. Pero esta actividad se da siempre en el seno de una relación interpersonal y en un contexto familiar, social y comunitario más amplio. No solamente debemos cuidar la relación, a menudo compleja, entre cuidador y cuidado, sino ver también la implicación del entorno en el proceso de cuidado, del conjunto de la familia, de los recursos sociales disponibles y de la inserción del proceso en la comunidad de referencia. En otros términos, hay que trabajar la implicación de todos los miembros de la familia y amistades, evitando el aislamiento del cuidador y del cuidado. Hoy en día contamos cada vez más con espacios de apoyo mutuo para cuidadores, organizados desde diferentes ámbitos asistenciales, y a menudo con participación de profesionales. Son espacios en los que es recomendable participar.
  • ¿Qué debería cambiar en la atención sanitaria para reducir el alto riesgo de patología cognitiva y mental en este colectivo (cuidadores no profesionales)?
    El sistema sanitario, en su conjunto, debería orientar su tarea más hacia la prevención y la promoción de la salud, y en consecuencia, en el campo que nos ocupa, a incorporar a las personas cuidadoras a programas y actividades de formación y prevención. Esta es una función que corresponde fundamentalmente a la atención primaria de salud y que hay que coordinar con los recursos sociales y comunitarios de cada sector.
  • A menudo ha defendido que la atención psiquiátrica no se acaba en la consulta. ¿Qué debería hacer un cuidador no profesional para cuidar su mente cada día, sin necesidad de que le diagnosticaran un trastorno para empezar a actuar?
    Como hemos comentado anteriormente, el cuidador no profesional debe incorporar en su día a día el cuidado de su salud mental, identificando cómo algunas molestias físicas, disfunciones del sueño o malestar emocional, pueden tener su origen en el ejercicio de su función cuidadora. Debe ser consciente de la necesidad de adoptar medidas para proteger su equilibrio emocional: mantener un estilo de vida saludable, cuidar las relaciones personales, gestionar y compartir su experiencia. Pero debe disponer también de lugares donde se le pueda ayudar a reconocer su sufrimiento y la sobrecarga que está sufriendo y ofrecerle ayuda profesional.
  • ¿Qué le diría ahora mismo a una persona que cuida a un familiar mayor, se siente desbordada y tiene miedo de no estar a la altura, pero a la vez nota que su propia mente le falla?
    Primero que nada, que reconozca que está viviendo una situación excepcional y que hay que compartirla y buscar ayuda. Valorar la posibilidad de organizar el cuidado de manera más compartida y la posibilidad de incorporar recursos asistenciales profesionalizados a la atención. Por otro lado buscar recursos de apoyo que puede recibir como cuidador en los servicios asistenciales a los que está vinculado.
  • Para acabar, ¿cree que eventos como FiraGran, que apuestan por visibilizar un envejecimiento activo y vital, pueden también ayudar a los cuidadores no profesionales?
    Eventos como FiraGran son, precisamente, un punto de referencia para abordar tanto la vertiente preventiva de un envejecimiento activo y saludable, como un espacio idóneo para hacer patentes las necesidades asistenciales de las personas cuidadoras, a menudo también mayores, y motivar un modelo de cuidado activo y saludable.