Son muchas las personas que deben cuidar de un familiar impedido o enfermo. El Alzheimer, por ejemplo, nos obliga a pasar gran parte de nuestro tiempo atendiendo las múltiples necesidades de dicho familiar. Y el desgaste personal suele ser muy alto.

El síndrome del cuidador es algo muy habitual en nuestra sociedad. Con una población cada vez más envejecida y con gobiernos que no dan aún una atención asistencial completa, son muchas las personas, y en especial mujeres, quienes deben renunciar a sus trabajos. Con ello, hipotecan sus vidas para atender a esos familiares enfermos o impedidos.

Es importante tener espacio para uno mismo. Estar pendiente 24 horas de otra persona es agotador, incluso para los más fuertes.

Fuente: Mejor con Salud

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